Fuente: www.lacampora.org
Cristina

Cristina Elisabet Fernández nació el 19 de febrero de 1953 en Ringuelet, La Plata, Provincia de Buenos Aires.
Hija de Eduardo Fernández y de Ofelia Wilhelm, descendiente de españoles por su padre, y de alemanes por su madre.
Realizó los dos primeros años de sus estudios secundarios en el ex Colegio Comercial San Martín (actual Escuela de Educación Media 31) de la ciudad de La Plata y los tres últimos en el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia, de la misma ciudad.
Realizó sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional de La Plata en 1973. Allí inició su militancia política en el Frente de Agrupaciones Eva Perón (FAEP), una organización estudiantil ligada a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que ese mismo año se fusionó con la Federación Universitaria por la Revolución Nacional (FURN) para constituir la Juventud Universitaria Peronista de la Universidad de La Plata, ligada a la organización Montoneros.
Conoció a Néstor Kirchner en octubre de 1974, ya que ella era compañera de estudios de la novia de un compañero de estudios de él. Ambos formaron parte de la Juventud Universitaria Peronista, y tras sólo seis meses de noviazgo se casaron el jueves 8 de mayo de 1975.
La caída del gobierno de María Estela Martínez y el posterior Proceso de Reorganización Nacional volvía a la militancia política un gran riesgo, por el cual la pareja resolvió trasladarse a la Provincia de Santa Cruz, en la localidad de El Calafate.
Una vez instalados en la Patagonia, ambos se dedicaron a la actividad privada como abogados, formando el “Estudio Jurídico Kirchner”. Él ya estaba recibido, a ella le faltaban tres materias al momento de viajar a la provincia.
Finalmente, en 1979 obtuvo el título de abogada expedido por la Universidad Nacional de La Plata.Néstor y Cristina tienen dos hijos: Máximo y Florencia.
Cristina y la política
En el año 1995 ingresa al Senado Nacional representando a Santa Cruz.
En 1997 ingresa a la Cámara de Diputados y en 2001 es otra vez electa senadora, siempre por la misma provincia.
Cuando Kirchner asume la presidencia el 25 de mayo de 2003, ocupó, además, el rol de primera dama, logrando una trascendencia especial debido a su participación política.
Para las elecciones legislativas del 23 de octubre de 2005 fue elegida senadora, pero esta vez por la provincia de Buenos Aires, representando al Frente para la Victoria, una escisión del Partido Justicialista.
Venció por una diferencia de 26 puntos porcentuales a Hilda González de Duhalde, esposa del ex presidente Eduardo Duhalde.
Cristina presidenta
El 19 de julio de 2007 lanzó oficialmente su candidatura presidencial para las elecciones previstas para octubre. El acto se realizó en el Teatro Argentino de la ciudad de La Plata.
El 28 de octubre del citado año se consagra ganadora en primera vuelta con el 45,29% de los votos positivos -con uno de los más holgados márgenes de ventaja desde el retorno de la democracia en 1983-, sucediendo el 10 de diciembre a su esposo Néstor Kirchner, quien desempeñaba el cargo hasta esa fecha.
Es la primera mujer de la historia argentina en ser elegida para la primera magistratura y la segunda en acceder al cargo.
Néstor

Su padre, Néstor Kirchner, era un trabajador postal descendiente de inmigrantes suizos; su madre, María Ostoi?, chilena descendiente de inmigrantes croatas, nació en Punta Arenas. Realizó sus estudios primarios y secundarios en escuelas públicas locales. Egresó del Colegio Nacional República de Guatemala.
En 1976, luego del inicio del Proceso de Reorganización Nacional abandonó La Plata junto con su esposa, Cristina Fernández para retornar a Río Gallegos donde se dedicó a ejercer su profesión, alejándose así de la actividad política.
Néstor y la política
Con el retorno de la democracia en 1983, Kirchner se convirtió en funcionario del gobierno provincial. Desde fines de 1983 hasta julio de 1984 fue presidente de la Caja de Previsión Social de la provincia, pero fue forzado a renunciar por el Gobernador a causa de una disputa sobre política financiera. Este incidente lo hizo conocido en el ámbito local, y constituyó el paso inicial de su carrera política.
En 1986 había alcanzado el apoyo interno necesario para obtener la candidatura a intendente de la ciudad de Río Gallegos. Triunfó por escaso margen en las elecciones del 6 de septiembre de 1987, asumiendo el cargo el 10 de diciembre siguiente. Al mismo tiempo, su compañero de partido Ricardo del Val era electo gobernador, con lo que el peronismo se afianzó en la provincia de Santa Cruz.
La gestión de Kirchner como intendente desde 1987 a 1991 le granjeó suficiente apoyo para ser electo gobernador de la provincia en 1991, con el 61% de los votos. Por ese tiempo su esposa ya era miembro del congreso provincial.
El 10 de diciembre de 1991 asumió la Gobernación de la Provincia, cargo que ocupó hasta llegar a la primera magistratura del país, el 25 de mayo de 2003.
En 1994 y en 1998, Kirchner impulsó reformas en la constitución provincial, que incluyeron la posibilidad de reelección indefinida del gobernador. En 1994 fue miembro de la Convención Constituyente que reformó la Constitución Argentina.
En 1995, con las reformas a la Constitución provincial ya en vigencia, Kirchner fue reelecto gobernador por amplio margen.
Néstor presidente
Ejerció la presidencia desde el 25 de mayo de 2003 hasta el 10 de diciembre de 2007.
Sucedió a Eduardo Duhalde, quien debía completar el mandato inconcluso de Fernando De la Rúa pero renunció antes de tiempo, por lo que Kirchner ejerció su mandato en los cuatro años correspondientes además de los pocos meses restantes del mandato inconcluso del ex presidente radical.
Fue sucedido el 10 de diciembre de 2007 por Cristina Fernández, quien se impuso en las elecciones del 28 de octubre de ese año.
En la actualidad es el presidente del Partido Justicialista.
El Tío

Hector José Cámpora nació en la ciudad de Mercedes, Provincia de Buenos Aires, en el año 1909. En su juventud se fue a estudiar odontología a la ciudad de Córdoba, donde comenzó su militancia política al presidir el Centro de Estudiantes de su facultad. Fue allí famoso por “entrador y salidor”.
Al volver a su provincia, se involucra en la actividad política en San Andrés de Giles, donde preside un club deportivo de extracción popular. En 1945 conoce al General Perón y en el 46 es electo diputado por la Provincia de Buenos Aires y es nombrado presidente de la Cámara.
Fue así que debió comandar junto a John William Cooke un bloque de diputados que despertaba a la vida política de manera intempestiva y abrupta. Allí forjó su amistad entrañable con Evita, su compañerismo con Perón y su fama de peronista de la primera hora. También demostró su mayor virtud, siempre confundida -de manera peyorativa y seguramente deliberada- como un signo de debilidad, de flaqueza intelectual y de obsecuencia: la Lealtad.
En 1955 le tocó la misma suerte que a miles de peronistas. Le armaron unas cuantas causas falsas y lo metieron preso. En marzo de 1957, junto con John William Cooke, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y José Espejo, se rajan de la cárcel de Río Gallegos en una de esas fugas que merecen una buena película. Cámpora, siempre a la espera de instrucciones, inverna hasta que la historia lo llama de vuelta.
Es así que en noviembre del año 1971 es nombrado delegado del General Perón, en reemplazo de uno que no tuvo entre sus fuertes la virtud mencionada párrafos antes. La historia lo agarra del cogote y lo empuja vertiginosamente hacia el centro de la tormenta, en nuestro momento más convulsionado. Fue así que el odontólogo de San Andrés de Giles se arrima al poder.
Cámpora convoca a la juventud como ningún otro dirigente histórico del peronismo lo hizo. Empieza a conocer a los pibes y pibas de la izquierda peronista. Si el Viejo era Perón, ellos concluyen que Cámpora es el Tío. La analogía es perfecta: el Tío es ese hermano de papá, el que viene el fin de semana a comerse un asadito en casa. Con él podemos hablar sin tapujos, nos saca de algún apuro, nos da algún que otro consejo. El Tío.
Junto a esa generación el Tío Cámpora sale a la lucha por el retorno de Perón a la Argentina. Jura ante la tumba de su padre que esa es su misión en la vida y que hará lo imposible por cumplirla. Lo logra. Como el Pocho esta proscripto no queda otro que el Tío para reemplazarlo en la candidatura a la presidencia. La Juventud adopta esa candidatura como propia y lanza el famoso “Luche y Vuelve”.
Un 25 de mayo de 1973 el Tío Cámpora, junto a Vicente Solano Lima como compañero de fórmula, es electo Presidente de los Argentinos, luego de casi 20 años de dictadura militar y proscripción del peronismo. Gobierna durante tres meses, período que queda en la historia como “Primavera Camporista”. Al respecto, Feinman dice que «uno dice “Cámpora” y piensa en la primavera. Muy pocos pueden convocar algo tan florido, la mejor estación del año, los pibes en los parques, los pájaros y el amor a todo trapo. Porque la Primavera de Praga es de Praga, pero no es de ningún tipo. En cambio, la Primavera Camporista es de Cámpora, lleva su nombre. ¿Qué es políticamente una primavera? Es un raro momento de la Historia en que creemos que en el futuro espera la felicidad, tal como la sentimos en el presente y aún mejor…la Historia existe para que, en ella, se realicen nuestros sueños. Eso fue la Primavera Camporista.»
Su cercanía con la juventud lo enfrenta con la derecha del movimiento y los sectores más reaccionarios de la Argentina. En julio de 1973 da un paso al costado. Fue nombrado por Perón embajador en México.
Muerto Perón el Tío regresa a la Argentina. Consumado el golpe de la dictadura más sangrienta que vio nuestro país, su cabeza pasa a tener el precio más caro. Los milicos lo quieren muerto porque el Tío es el heredero natural del movimiento. Se refugia en la embajada de México, sabiendo el peligro que corre su vida. Allí enferma de cáncer, pero la Junta Militar, en una actitud de ensañamiento sin precedentes, no le otorga el salvoconducto para salir del país. Prefieren, en cambio, dejar que su enfermedad avance. Finalmente, tres años más tarde, y para no quedar manchados de sangre, le dan el salvoconducto a México donde muere poco después.
Nuestra agrupación lleva el nombre del Tío por muchas cosas. Entre ellas están sus virtudes personales: su lealtad, su vocación de servicio al pueblo, su honestidad, su capacidad. Pero además rescatamos su valor simbólico. El Tío fue, para toda una generación de jóvenes que creía fervientemente en la política como herramienta colectiva para cambiar el mundo, un ejemplo de lucha y un compañero entrañable que confió incondicionalmente en ellos para llevar a cabo su misión. Encarnó en su figura la lucha que durante 18 años dio todo un pueblo por el regreso de su líder, y asumió esa responsabilidad con una lealtad y humildad inéditas.
Perón

El origen de su familia paterna es italiano, proveniente de Cerdeña. De allí, en 1831 llegó su bisabuelo, Tomás Mario Perón, quien se casó con Ann Hughes McKenzie, una hija de inmigrantes británicos. Su hijo primogénito sería el abuelo de Perón, Tomás Liberato, un prestigioso médico y senador nacional, tuvo tres hijos con Dominga Dutey de Martirena. El primero de ellos, Tomás Hilario, fue el padre de Juan Domingo, un estanciero que, habiendo abandonado sus estudios de medicina, se casa con Juana Sosa, una hija de inmigrantes españoles y aborígenes, y dan a luz a Juan Domingo.
Sobre su infancia y orígenes se ha escrito mucho. Una aproximación interesante es la de Hugo Chumbita, en su libro Hijos del País, sobre San Martín, Yrigoyen y Perón. El autor sostiene que el origen mestizo de estos tres grandes hombres tuvo una influencia decisiva en los procesos históricos que condujeron.
Perón fue a la escuela primaria en Buenos Aires, y a la secundaria en el Colegio Militar. En 1916 se gradúa e inicia una serie de viajes por todo el país, que le abrirían los ojos a una realidad hasta ese momento desconocida para él.
Década Infame
Perón desarrolla su juventud en plena década infame, una época signada por el fraude, la corrupción, el despojo absoluto por los bienes y recursos nacionales, el abandono de la población a su suerte, etc. Su formación militar, y el rol que el ejército cumplió en esa época, influenciaron decisivamente su personalidad. El ejército argentino está absolutamente politizado en esa época, y se topa con realidades que desconocía hasta el momento. El 50% de la población es rechazada de la “colimba” por desnutrición. Los sectores nacionalistas del ejército comienzan a producir una fuerte conciencia al respecto de esta problemática, en función de su idea de desarrollo de país. Perón crece en este marco, y se convierte en un intelectual del ejército. Sus estudios y su participación académica le valen el reconocimiento de encumbrados oficiales, y su promoción a Coronel. Perón comienza a hacer política.
El Golpe del 4 de junio 1943
Bajo el mando del General Rawson, varios grupos de militares entre los que se encontraba el GOU, mediante lo que algunos historiadores caracterizaron como una improvisación cuyo sólo objetivo fue el derrocamiento del régimen de la década infame, toman el poder el 4 de junio de 1943. El General Rawson asume la presidencia, pero al intentar ratificar en su gabinete a varios de los integrantes de la derecha recién derrocada, se le obliga a renuncia. Asume el General Ramirez. Ningún integrante del GOU fue nombrado en el Gabinete. Juan Domingo fue nombrado secretario privado del Ministerio de Guerra, a cargo de Edelmiro Farrell.
El Coronel empieza a moverse y consigue que lo pongan a cargo del Departamento Nacional del Trabajo, que hasta ese momento era una repartición prácticamente inservible. Prontamente, Perón comienza a establecer lazos políticos con el movimiento sindical argentino. Por decreto, justo cuando se disuelve el congreso fraudulento, Perón pone en vigor una gran cantidad de normas laborales que garantizaban diversos derechos a los trabajadores. Se puede afirmar que su carrera política comienza aquí, ya que adquiere una notoria visibilidad pública a raíz de sus acciones de gobierno. Esa notoriedad le valdría su incipiente enemistad con ciertos sectores del gobierno.
Días de Octubre
Los sucesos que antecedieron al 17 de octubre, y las consecuencias de esa jornada en la historia argentina, han sido abordados por infinidad de historiadores. A principios de octubre de 1945, el Coronel es obligado a renunciar y es trasladado bajo arresto a la isla Martín García. Esto desencadena una serie de sucesos que terminan en la masiva movilización popular a la plaza de mayo. Al respecto, Scalabrini Ortiz pudo ser quien haya escrito las más bellas palabras: “Es increíble y hasta admirable el poder de persuaden y de ejecución de nuestra oligarquía. En el mes de octubre de 1945, el coronel Perón fue destituido y encarcelado. El país azorado se enteraba de que el asesor de la formación del nuevo gabinete era el doctor Federico Pinedo, personaje a quien no puede calificarse sino con la ignominia de su propio nombre. El Ministerio de Obras Públicas había sido ofrecido al ingeniero Atanasio Iturbe, director de los Ferrocarriles británicos, que optó por esconderse detrás de un personero. El Ministerio de Hacienda sería ocupado por el doctor Alberto Hueyo, gestor del Banco Central y presidente de la Cade, entidad financiera que tiene una capacidad de corrupción de muchos kilovatios.
“La oligarquía vitalizada reflorecía en todos los resquicios de la vida argentina. Los judas disfrazados de caballeros asomaban sus fisonomías blanduzcas de hongos de antesala y extendían sus manos pringadas de avaricia y de falsía. Todo parecía perdido y terminado. Los hombres adictos al coronel Perón estaban presos o fugitivos. El pueblo permanecía quieto en una resignación sin brío, muy semejante a una agonía. Con la resonancia de un anatema sacudía mi memoria el recurso de las frases con que hace muchos años nos estigmatizó al escritor Kasimir Edschmidt. “Nada es durable en este continente, había escrito. Cuando tienen dictaduras, quieren democracias. Cuando tienen democracia, buscan dictaduras. Los pueblos trabajan para imponerse un orden, articularse, organizarse y configurarse, pero, en definitiva, vuelven a combatir. No pueden soportar a nadie sobre ellos. Si hubieran tenido un Cristo o un Napoleón, lo hubieran aniquilado. Pasaban los días y la inacción aletargada y sin sobresaltos parecía justificar a los escépticos de siempre. El desaliento húmedo y rastrero caía sobre nosotros como un ahogo de pesadilla. Los incrédulos se jactaban de su acierto. Ellos habían dicho que la política de apoyo al humilde estaba destinada al fracaso, porque nuestro pueblo era de suyo cicatero, desagradecido y rutinario. La inconmovible confianza en las fuerzas espirituales del pueblo de mi tierra que me había sostenido en todo el transcurso de mi vida, se disgregaba ante el rudo empellón de la realidad.
“Pensaba con honda tristeza en esas cosas en esa tarde del 17 de octubre de 1945. El sol caía a plomo cuando las primeras columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pingües, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, unidos en la impetración de un solo nombre: Perón. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir. Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. El descendiente de meridionales europeos, iba junto al rubio de trazos nórdicos y el trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su enorme masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajidos y cilancos con meandros improvisados sobre la arena en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmos que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal. Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de la Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor mecánico de automóviles, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón.”
Se recomienda, para ampliar la información, visitar la sección correspondiente al 17 de octubre, en el sitio El Ortiba.
Posteriormente, se comienza a organizar el Partido Laborista, y se lanza la candidatura de Perón. En esos días, el General contrae matrimonio con Evita. Mientras el peronismo organizaba su partido, en la vereda de enfrente la UCR, el Partido Socialista con el auspicio de la Embajada de EEUU y su embajador, el Sr. Spruille Braden, la Sociedad Rural Argentina, la Unión Industrial y otros sectores ultraconservadores, comienzan a organizar el contra-ataque bajo la denominación de Unión Democrática. Cualquier semejanza con la actualidad es pura coincidencia.
En febrero de 1946 el peronismo se impone consiguiendo casi dos tercios de la cámara de diputados, mayoría en senadores y prácticamente todas las gobernaciones provinciales. Empieza la revolución peronista.
El gobierno peronista
El gobierno de Perón planifica su acción de gobierno a través de una ley denominada Plan Quinquenal. La obra del peronismo incluye una vasta cantidad de intervenciones estatales en la economía. Como pilar fundamental, se comienza a sustituir importaciones, de modo que una gran cantidad de trabajadores se insertan de mejor modo en el mercado laboral, y esto produce un círculo virtuoso entre consumo interno y producción industrial nacional. El fortalecimiento de los sindicatos y las conquistas sociales de aquellos años introducen a la ciudadanía a millones de argentinos. Para una aproximación completa a la obra del peronismo recomendamos la película de Fabio, Sinfonía de un Sentimiento.
El conflicto con la Iglesia
Promediando el año 1954 se agudiza el conflicto con la Iglesia Católica, que le resta apoyo al peronismo y toma una posición política como eje de la oposición. El peronismo sanciona la ley de divorcio, legaliza los prostíbulos y suprime la enseñanza religiosa obligatoria en la escuela pública. La iglesia respondió con una gran movilización en la procesión del Corpus Christi, y eso alentó a ciertos sectores de las fuerzas armadas a organizar un golpe militar.
El primer intento de golpe fue el 16 de junio de 1955, cuando aviones de la marina bombardearon la plaza de mayo causando la muerte de trescientos compatriotas. Ese fue el bautismo de fuego de nuestros militares, que a lo largo del siglo XX fueron perfeccionándose en el arte de matar argentinos. La ola de violencia estaba desatada y en septiembre de ese año se derroca al gobierno peronista.
Durante casi dos décadas el General Perón tuvo vedado volver a su país. Mencionar su nombre, cantar la marchita o hacer cualquier referencia a su persona estaba prohibido por decreto en estas tierras. Fusilamientos, asesinatos, proscripciones, persecuciones, exilios, esas fueron las fuerzas aplicadas a todo aquel que fuera peronista. Desde España comandará el General la resistencia peronista. A medida que pasaban los años, nuevas generaciones se insertaban en el movimiento. El pico de la resistencia se hizo carne en 1969, en la jornada que luego se denominaría Cordobazo. La juventud, insertada en la actividad política luego de años de proscripción del peronismo, fue uno de los motores que hicieron posible el regreso de Perón a la Argentina. La lucha armada contra la dictadura se hace más fuerte, y es encabezada por la organización Montoneros. Sobre este proceso recomendamos el libro El presidente que no fue, de Miguel Bonasso.
Perón volvió a la Argentina por un corto tiempo en noviembre de 1972 y se negó a presentarse como candidato para las elecciones del 11 de marzo de 1973, en las que finalmente se impuso el candidato peronista, Héctor Cámpora, cercano a los sectores juveniles. El 20 de junio de 1973 Perón vuelve definitivamente a la Argentina, pero la fecha se ve opacada por la tragedia de Ezeiza, en la que sectores de la derecha sindical masacran a integrantes de la Juventud Peronista. Menos de un mes después renuncia Cámpora y se llama a elecciones, en las que se consagra la formula Perón-Perón.
El 12 de junio de 1974 la CGT convocó a un acto en la Plaza de Mayo para respaldar al gobierno. Perón se dirigió por última vez a sus seguidores y les dijo que cuiden las conquistas laborales porque se avecinaban tiempos difíciles. Se despidió diciendo: “Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que es para mi la palabra del pueblo argentino”. Pocos días después, el 1º de julio moría Juan Domingo Perón. El tamaño de el vacío político que dejó equivaldría a la oscuridad de los años que se avecinaban.
Evita

Nació un 7 de mayo de 1919, posiblemente en un campo llamado “La Unión”, cerquita de Los Toldos, o quizás en Junín, Provincia de Buenos Aires. Su padre, Juan Duarte, fue un terrateniente conservador implicado en las maniobras fraudulentas por las que se estafaron tierras a las comunidades mapuches de la zona. Su mamá se llamaba Juana Ibarguren y era hija de la puestera del campo de Juan Duarte. Juan tenía dos familias, una “legítima” y otra “ilegítima”. Eva fue la quinta de cinco hermanos de la familia ilegítima de Juan Duarte, quien no reconoció a ninguno de ellos. Su condición de “hija adulterina” -tal la clasificación difamatoria que se les diera a los hijos no reconocidos en esos años- marcó a fuego la personalidad de Evita.
Muerto Juan Duarte, la familia queda absolutamente desprotegida y debe mudarse primero a los Toldos, posteriormente a Junín, donde Evita asistió a la escuela, actuó en su primera obra de teatro y enfrentó su temprana adolescencia en condiciones económicas muy pobres.
Un tres de enero de 1935 esa piba de tan solo unos 15 años se baja de un tren en la ciudad de Buenos Aires, sin un mango y sin la más mínima idea del rol que tendría en la historia de nuestro país. Como miles de argentinos que en esa época migraban desde el interior a la capital, ella fue en busca de nuevas oportunidades. Para los porteños más acomodados, estos eran inmigrantes distintos a los usuales inmigrantes europeos. Eran inmigrantes de adentro, los famosos “cabecitas negras” que luego pasarían a formar un rol predominante en la fase industrializadota de nuestro país y en el movimiento social que daría sustento al peronismo.
Evita pasó sus primeros años laburando en compañías teatrales y apenas sobreviviendo en condiciones económicas muy austeras. Poco a poco fue haciéndose conocida en el ambiente y consiguió algunos roles como segunda actriz o como modelo en la tapa de varias revistas de espectáculos. De esta época se la recuerda, según testimonios, como una chica débil, tímida, muy flaca, alegre y buena compañera. Pero su suerte vino de la mano de la radio, donde comenzó a realizar algunos radioteatros, en especial uno llamado “Grandes Mujeres de la Historia”, que tuvo mucha repercusión. Hacia 1942 Eva pudo abandonar finalmente las pensiones, luego de muchos años de trabajo, y se mudo por primera vez a un departamento en la calle Posadas, que años mas tarde compartiría por un tiempo con Juan Domingo Perón. Un año más tarde comienza su actividad política cuando funda el primer sindicato de trabajadores de la radio, que luego presidió.
Conoce a Perón en 1944, cuando fue condecorada en un acto organizado por la Secretaría de Trabajo y por ser una de las actrices que más fondos había recaudado para las victimas del terremoto ocurrido en la Provincia de San Juan. Hasta acá Eva probablemente pensaba que ella había vivido una vida de mucho trabajo y sacrificio. Estaba equivocada.
Cuando Perón entra en su vida esta se revoluciona completamente. Evita juega un papel preponderante en los sucesos del 17 de octubre de 1945, haciendo de nexo entre el conductor y los trabajadores que irían a buscarlo a la plaza. También milita exhaustivamente en la campaña presidencial que lleva a Perón a la presidencia.
Sólo tres días después Eva pronuncia su primer discurso político, que ya marcaría, aunque levemente, su tendencia transgresora y revolucionaria. En plena Argentina Infame, con tan solo 27 años, Evita grita a los cuatro vientos ante un país expectante: «La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles. La mujer debe afirmar su acción, la mujer debe votar. La mujer, resorte moral de su hogar, debe ocupar el sitio en el complejo engranaje social del pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse en grupos más extendidos y remozados. Lo exige, en suma, la transformación del concepto de mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes sin pedir el mínimo de sus derechos.»
Inmediatamente un fenómeno inédito comienza a rondar su figura, un fenómeno que se intensificaría día a día. Nace hacia ella un amor incondicional por parte de los más postergados de nuestro país, mientras que de los más acomodados brota un odio irracional y desmesurado. Evita no tiene problema en tomar partido, elige sin hesitar por los suyos. Ni siquiera las “señoras gordas” de Recoleta, aquellas de las que hablaba Jauretche y que tendrían derecho a votar gracias a ella, la querrían ni un poquito. Por el contrario, siempre sería vista como la princesa plebeya que había usurpado un lugar que históricamente correspondió a las de su clase.
El accionar político y social de Evita, su protagonismo, decisión y acción a partir de ese momento, es imposible de comprimir en esta breve reseña. Sólo a modo de ejemplo: fue la ejecutora de gran parte de la labor social del peronismo a través de la Fundación Eva Perón, construcción de hospitales, escuelas, colonias, clubes, residencias estudiantiles, etc; llevó la relación política con los sindicatos; creó el Partido Peronista Femenino, por medio del cual fueron elegidas por primera vez 23 diputadas nacionales, 6 senadoras nacionales y un total de 109 mujeres en cargos electivos provinciales; escribió de puño y letra la ley de igualdad jurídica entre los cónyuges en materia de derechos civiles y patria potestad; redactó el Decálogo de Derechos de la Ancianidad, que fueran luego incorporados a la Constitución del 49; etc. Todo ello en un breve período de 6 años.
Posteriormente, hacia 1951 la CGT impulsaría su candidatura a la Vicepresidencia, actuando bajo la convicción de que su presencia en ese cargo fortalecería la presencia de los trabajadores en el poder. En agosto se realiza el Cabildo Abierto del Justicialismo, acto en el cual se lanzaría la candidatura Justicialista. En ese acto, uno de los momentos más emotivos de su vida pública, este diálogo se registra entre ella y los trabajadores:
Evita: (hablando a la multitud y a Perón) Hoy, mi general, en este Cabildo Abierto del Justicialismo, el pueblo preguntó que quería saber de que se trata. Aquí ya sabe de qué se trata y quiere que el general Perón siga dirigiendo los destinos de la Patria.
Pueblo: ¡Con Evita! ¡Con Evita!
Evita: Yo haré siempre lo que el pueblo quiera. Pero yo les digo que así como hace cinco años he dicho que prefería ser Evita, antes que la mujer del presidente, si ese Evita era dicho para aliviar algún dolor de mi Patria, ahora digo que sigo prefiriendo ser Evita. La Patria está salvada porque la gobierna el general Perón.
Pueblo: ¡Que conteste! ¡Que conteste!
Espejo (CGT): Señora, el pueblo le pide que acepte su puesto.
Evita: Yo le pido a la Confederación General del Trabajo y a ustedes, por el cariño que nos profesamos mutuamente, para una decisión tan trascendental en la vida de esta humilde mujer, que me den por lo menos cuatro días.
Pueblo: ¡No, no, vamos al paro! ¡Vamos a la huelga general!
Evita: Compañeros, compañeros…yo no renuncio a mi puesto de lucha. Yo renuncio a los honores. (llorando) Yo haré, finalmente, lo que decida el pueblo. (aplausos y vivas) ¿Ustedes saben que si el puesto de vicepresidenta fuera un cargo y si yo hubiera sido una solución no habría contestado ya que sí?
Pueblo: ¡Contestación! ¡Contestación!
Evita: Compañeros, por el cariño que nos une, les pido por favor que no me hagan hacer lo que no quiero hacer. Se los pido a ustedes como amiga, como compañera. Les pido que se desconcentren. (La multitud no se retira) Compañeros…¿Cuándo Evita los ha defraudado? ¿Cuándo Evita no ha hecho lo que ustedes desean? Yo les pido una cosa, esperen hasta mañana.
Espejo (CGT): La compañera Evita nos pide dos horas de espera. Nos vamos a quedar aquí. No nos movemos hasta que nos de la respuesta favorable.
Evita: Esto me toma de sorpresa. Jamás en mi corazón de humilde mujer argentina pensé que podía aceptar este puesto… Denme tiempo para anunciar mi decisión al país en cadena.
(Finaliza el acto)
Nueve días después Eva pronuncia lo que sería llamado en la mitología peronista como el “Renunciamiento Histórico”. Declina su candidatura, en parte por las fricciones que ocasionaba su presencia en varios sectores del movimiento, en parte por la gravedad de su enfermedad.
En 1952 su salud se agrava profundamente. Vota al peronismo desde su lecho. El 26 de julio falleció. La CGT decreta un paro de tres días. La velan en su sede central. Dos millones de personas desfilan durante días ante su cuerpo. Mientras tanto, en el pasaje Guise del barrio de Recoleta, algún descerebrado escribía la infame y cobarde pintada que festejaba con un “Viva el Cáncer” la existencia de la terrible enfermedad, e inauguraba una demostración de ensañamiento sin precedentes que no terminaría hasta 1976.
Tanto la odiaban que el cuerpo de Eva sería secuestrado por la Revolución Libertadora, y sería vejado, manoseado, expatriado y sometido a toda clase de perversidades. Su valor simbólico era demasiado alto para que quede accesible a sus seguidores en su mausoleo de la CGT. Al respecto, Rodolfo Walsh escribiría este increíble cuento que se adentra en los pormenores del caso. Sus restos fueron finalmente escondidos en Milán, con la connivencia de la Iglesia Católica y hasta del mismo Papa Pío XII, quien la había conocido cara a cara durante su gira Europea. La Tendencia, durante los 70, habría intentado recuperar el cuerpo de Evita para el pueblo. Fue así que hacia 1969 la organización Montoneros secuestra a Aramburu para intercambiarlo. El plan falló en sus objetivos y Perón recién volvería a tener posesión de los restos de su mujer en 1971.
El legado de Evita ha sido inspirador para muchas generaciones. En especial para la juventud: durante los 70 su imagen fue levantada por todo el espectro juvenil que ingresaba intempestivamente a la militancia política. Ni siquiera aquellos que no han simpatizado con el peronismo han reconocido su legado como militante y luchadora social. Entre toda su herencia, tal vez la más importante es que su dedicación a una causa se constituye como el estándar más alto de militancia: una mujer que entregó todo en una carrera desenfrenada por revolucionar. Si el Diego es el máximo estándar futbolístico, Evita es a la militancia lo que el Diego al Fútbol.
Tal fue su fuerza y su absoluta entrega por la causa nacional, que muchos se han preguntado que hubiera sido de los años noventa si ella hubiera podido entrar caminando, ya viejita, a algún Congreso del PJ para “exponer” su “punto de vista” al respecto de lo que el “movimiento” y los “compañeros” estaban haciendo con el país.
Pues quienes más han notado su vida y sufrido su ausencia fueron sin duda los descamisados: tal el nombre cariñoso que ella usaba para referirse a los desposeídos, marginados, excluidos y explotados de nuestro país. Y es así que tal vez sea el desafío de esta nueva argentina y de nuestra generación el volver a poner las cosas en el lugar en que las puso ella.
Accion Militante
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