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La JP

La Juventud Peronista del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires ha emprendido hace unos meses un recorrido histórico con el objetivo esencial de preservar nuestras banderas: Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política. 

Estamos convencidos de que el peronismo es un sentimiento superador que se concreta con capacidad transgresora en la gestión pública, estamos convencidos de que la juventud debe ser protagonista de este nuevo espacio de construcción, estamos convencidos de que Néstor y Cristina expresan el sentir nacional que fortalece la vitalidad de la patria. 

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De donde venimos

Fuente: www.lacampora.org 

Cristina

Cristina Elisabet Fernández nació el 19 de febrero de 1953 en Ringuelet, La Plata, Provincia de Buenos Aires.
Hija de Eduardo Fernández y de Ofelia Wilhelm, descendiente de españoles por su padre, y de alemanes por su madre.
Realizó los dos primeros años de sus estudios secundarios en el ex Colegio Comercial San Martín (actual Escuela de Educación Media 31) de la ciudad de La Plata y los tres últimos en el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia, de la misma ciudad.

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Contruyamos una patria justa

Desde la Juventud Peronista de la provincia de Buenos Aires desarrollamos este Cuaderno de Formación para mostrar solamente los aspectos más destacados de la obra del gobierno nacional que inicia Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003 y que continúa la compañera presidenta Cristina Fernández.

 

Trabajamos arduamente en la recolección del material que era vasto. Sin embargo, luego de exponer los elementos que hacen a esta fenomenal avanzada del campo popular luego de la destrucción genocida en los 70 y neoliberal en los 90, descubrimos que las partes no hacen al todo. Y entonces incluimos una exposición inicial (a continuación de esta introducción) donde proponemos una explicación acerca de dónde viene el mencionado Proyecto y hacia donde vamos, sin excluir nuestro rol como juventud.

 

¿Cuál es la función de esta iniciativa? Dotar a los compañeros militantes de argumentos poderosos y reales sobre la híper actividad que ha desempeñado el gobierno popular por mejorar la calidad de vida de nuestro Pueblo. Algo que es innegable pero intereses inconfesables se esfuerzan por eclipsar detrás de argumentos disparatados y engañosos. De una herramienta infaltable en la formación del cuadro del campo popular en la etapa actual.

 

Seguramente se nos han escapado varias de la inconmensurable obra del gobierno nacional, pero al menos sabemos que sus líneas estratégicas están trazadas. Agradecemos desde ya a los numerosos compañeros funcionarios que aportaron datos para la confección de este documento y eximimos a todos de los eventuales errores contenidos, que son únicamente responsabilidad nuestra.

 

1. La Nación Justa, Libre y Soberana

 

La lucha por la definitiva liberación de la Patria se inició incluso antes de la Revolución de Mayo de 1810. Ya en las improvisadas defensas contra las invasiones inglesas, el Pueblo manifiesta su voluntad de soberanía. E incluso muchas de esas batallas se libraron fuera del territorio formal de nuestra nación: el plurinacional Ejército de los Andes (e incluso multiétnico, por la participación de indígenas guaraníes, tal como lo demuestra el historiador Norberto Galasso) lucha en Chile, Perú y el Pacífico Norte.

 

Pero desde entonces, devino una guerra intestina. A los herederos de San Martín, Moreno, Güemes, Belgrano les tocó la posta de las banderas de la liberación, contra la anti-Patria. Y siguieron Rosas, Dorrego, Quiroga, los caudillos del interior contra los unitarios. La derrota del campo popular en la segunda mitad del siglo XIX se adobará con el genocidio paraguayo e indígena en la campaña del desierto.

 

El radicalismo, hijo de las clases medias del país agroexportador intentará una primera restauración de la iniciativa del campo popular, pero será la convergencia con las oleadas migratorias, con sus ideologías anarquistas, comunistas, socialistas, sindicalistas, las que provocarán un cóctel extraordinario de ebullición social. La prepotencia torpe de la oligarquía y su década infame fueron el condimento último para la avanzada más poderosa del campo popular en nuestra historia, el punto de inflexión del imaginario de justicia social argentino y latinoamericano. 

 

El 17 de octubre de 1945 inauguró la “Patria de la felicidad” (como la bautizó el plástico Daniel Santoro), los diez años mejores, la Nación Justa, Libre y Soberana. Y la oligarquía, conciente del principio del fin de sus privilegios, regresó a su mejor pericia: el genocidio. Bombardeó Plaza de Mayo (junio de 1955), derrocó a un gobierno democrático (septiembre de 1955), destruyó e incineró bienes de acción social, fusiló disidente e inocentes (junio de 1956), prohibió pronunciar el nombre de Perón, secuestró el cadáver de Evita (enterrada en Italia), disolvió e intervino las organizaciones de los trabajadores, reprimió con bastones largos de noche y dentro de las universidades (junio de 1966), impidió que los novios se besen en las plazas y cuando todo esto fue insuficiente, bañó en sangre la Patria: 30 mil desaparecidos, un estimativo similar de muertos, entre 100 y 200 mil exiliados, medio millar de niños con identidad robada, con padres que no son sus padres sino los homicidas de los mismos. Realizada la tarea por sus grupos, se deshizo de ellos, remató la Patria de la cual fue la única postora y promovió la disolución nacional en diciembre de 2001 sin evitar tirarles los caballos policiales a las Madres de Plaza de Mayo, peligrosas activistas de entre 70 y 80 años.  

 

2. El Proyecto Nacional hoy

 

El proyecto nacional que hoy conducen los compañeros Cristina Fernández y Néstor Kirchner fue naciendo desde las entrañas del régimen neoliberal, desde sus primeras resistencias. En los paros generales durante la dictadura, cuyo mártir fue el lucifuercista desaparecido Oscar Smith, en el valor de los pibes de Malvinas (luchando contra el Imperio a pesar de la ineficiente conducción de los genocidas), la pelea por el regreso democrático, la reivindicación de los organismos de Derechos Humanos, la CGT conducida por el cervecero Ubaldini, las resistencias a las privatizaciones y concesiones, los fogoneros neuquinos, los piqueteros, el MTA, la CTA y por último la batalla de Plaza de Mayo mencionada en el apartado anterior.

 

En el helicóptero que huye el aún presidente Fernando De la Rúa (regresó al día siguiente a Casa Rosada para renunciar) se desplomaba por fin el régimen neoliberal. Allí nace la nueva etapa del Proyecto Nacional, relamiendo las profundas heridas de un sistema que casi llevo la Patria hacia su destrucción. Se abre en 2002 un periodo de transición, con múltiples actores políticos que no logran expresar el conjunto de fuerzas que habían cuestionado la lógica de la acumulación financiera. Un conjunto de fuerzas tan heterogéneo como el mismo campo popular. Así arriba a la presidencia Néstor Kirchner, en condiciones tales que el mismo definió: “llegué con menos votos que desocupados”.

 

Las heridas empiezan a cicatrizar. Los genocidas comienzan a ser juzgados, las leyes de impunidad abolidas, el régimen de acumulación empieza lentamente a volverse hacia la economía real y abandona la timba financiera. Las exportaciones de manufacturas de origen industrial recuperan el vigor de los 60, el mercado interno engorda, esto dispara el empleo, que reincorpora a 4 millones de trabajadores, los chicos abandonan los comedores populares y las familias se reconstituyen. Se fortalecen las organizaciones sindicales, una buena parte de la clase política y del régimen institucional recupera legitimidad. Se establece una política continental siguiendo los lineamientos de San Martín y Bolívar, la Patria Grande, con una decisión que no se veía desde fines de los 40. Los desocupados que van dejando de serlo (en algunos casos, por primera vez luego de tres generaciones), la clase trabajadora en su abrumadora mayoría, los sectores medios más lúcidos e incluso (a regañadientes, ciertamente) algunas fracciones del capital apuestan a la sustentabilidad del proyecto. Quedan afuera los organismos multilaterales de crédito, los sectores más reaccionarios del agro, de la banca, del clero y los privilegiados temerosos de perder su condición de muchos centros urbanos.

 

Es la versión del siglo XXI del Proyecto Nacional.   

 

3. La Juventud

 

Sobre la juventud se ha escrito mucho lirismo, pero en verdad, a la hora de disputar poder siempre se la ha relegado a un último plano. En la mayoría de los casos, por lo radical de sus planteos contra la injusticia social.

 

Sin embargo, hay que decir que la juventud fue siempre protagonista de la historia nacional. En un doble sentido. Sea como actor privilegiado en las grandes gestas nacionales o como víctima preferida en cada retroceso popular.

 

Porque fueron jóvenes muchos de los que participaron en nuestras luchas por la independencia; también lo fueron aquellos que protagonizaron la “Revolución del Parque” que originó a principios del siglo XX el primer partido nacional; los que produjeron la reforma universitaria del 18; el 17 de octubre tuvo al frente a miles de jóvenes, de hecho la inolvidable compañera Evita tenía sólo 26 años.

 

Pero también a la juventud le tocó sufrir cada vez que la historia le dio vuelta la cara a nuestro Pueblo. Porque no tenían muchos años los perseguidos, arrestados y humillados luego del Golpe del 55. Fueron ellos los que integraron, junto al movimiento obrero, la Resistencia, heroica sublevación del subsuelo de nuestra Patria.

 

Siempre, la Juventud junto a las luchas populares, a sus avances y retrocesos. En los 70, liderando el “luche y vuelve” que permitió el retorno de Perón al país después de 18 años. También, en la noche más oscura del terror de Estado que causó la desaparición de 30 mil compañeros y compañeras, en su mayoría menores de 25 años. Y fueron chicos – provenientes de las barriadas más humildes - los que pusieron su cuerpo en Malvinas ante el agresor imperial.   

 

Durante la genocida dictadura, también eran pibes los que acompañaron las huelgas obreras y reventaron las calles argentinas exigiendo democracia. Durante los 90, en medio de la fiesta de un dólar un peso, estuvieron los jóvenes marchando contra los atropellos neoliberales, cortando rutas y puentes. Y cómo no iban a resistir, si eran también jóvenes los obligados a abandonar el país en busca del trabajo salvador, o a quedarse, sumergidos en la pobreza y el abandono.

 

El 19 y 20 de diciembre, los tuvo otra vez en el centro de la escena, gritando basta a las políticas antipopulares. El Pueblo en las calles, luchando, con las viejas banderas bien en alto, ponía fin al programa económico y social que había implementado la Dictadura militar.

 

En 2003, comenzó a escribirse una historia diferente, que nada tiene que ver con lo ocurrido en los últimos treinta años en el país. Aunque ese relato que se construye no arranca de cero; por el contrario, remite a las mejores historias protagonizadas por nuestro Pueblo. 

 

En esta nueva historia, la Juventud debe tener un rol privilegiado. ¿Cómo? Siguiendo las palabras de Perón, que señalaba que “la organización vence al tiempo”. Organizarse con un sentido de la transformación de la realidad y para acceder a la disputa por el poder del Estado que permita acelerar ese proceso todo lo posible. Ser parte del poder, como actor de transformación.

 

“Si el presente es lucha, el futuro es nuestro” reza una célebre consigna. Por eso, en la actual discusión sobre qué país queremos, los jóvenes debemos elevar nuestras voces para expresar con firmeza que no vamos a resignar todo lo que hemos logrado desde 2003. Queremos una Argentina justa, solidaria, digna, que comparta su destino con las hermanas naciones latinoamericanas. 

 

Durante 2008, la Juventud ocupó las calles defendiendo al Gobierno popular en todas las políticas que apuntaron a mejorar la distribución de la riqueza. Con razón, el ex presidente Néstor Kirchner solía decir que “cuando la juventud se pone en marcha, el cambio es inevitable”. Con compromiso, con militancia, con nuestras banderas nacionales y populares bien en alto, los jóvenes estamos en macha. Así, el cambio es imparable.

 

José María Ottavis Arias

PJ Provincia de Buenos Aires

Secretario de Juventud

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Accion Militante

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